300 kilómetros de prejucios nos separan

October 1st, 2009  |  Publicada en Juglar de Jungla  |  1 Comentario

Por Alejandro Pérez-García

Acá me persiguen todas las cosas que creí abandonar como exilio preventivo: Los Zetas desatados, las inundaciones progresivas, la corrupción burocrática, la cooptación de los medios, la carestía, la soledad. Vagamente, pero muy vagamente, creo recordar que en Tabasco me encontraba mejor, no sólo por la familia y los cuates, sino porque lo que pensé que sería mar abierto no es más que una isla llena de fantasmas personales. También hace calor, también cuesta caro, también hay idiotas.

El fardo inmenso de nostalgias que uno carga se podría compensar siquiera con algo de orientación. No sé cómo, quizá por malinchismo, es que la numerosa lista de refugiados en México se ha sentido bienvenido, si yo sólo me trasladé a un estado vecino y la mano amiga ha estado comprometida por lazos laborales. Nada más. Ojalá hubiera vestido mis peores harapos, con una cota de lodo en las rodillas y la mano extendida, suplicando una ayudadita oficial que Fidel nos mandó con todo y propaganda; así al menos, como el valiente y generoso pueblo de Coatzacoalcos lo demostró a finales de 2007, hubiera habido más calidez y menos pesadez.

No es ya la nostalgia el único resabio que me queda de mí, de mi pasado reciente. Ha pasado tan solamente una semana. No es suficiente ni bastante. Una isla no se encuentra más rodeada de mar seco, sin ser desierto.

Debo ser honesto: Las múltiples presiones que existen sobre la responsabilidad de mi permanencia son nimias quizá, pero exageradas por mi condición estrenada de nómada. Quizá también por el hábito consuetudinario de decidir mi vida, mis hechos, mis palabras, de asumir las causas y las consecuencias de mis actos. Hasta el final, sin asomo de arrepentimiento: Por eso me fui de Tabasco Hoy cuando se pudo, por eso retorné tres veces a Presente, por eso vine a Coatzacoalcos.

No me enfada, me apena la gente que -hasta ahora- me rodea. Llenos de dobleces indescifrables, de reservas insostenibles, hasta de una tácita estupidez o una falsa calidez (hablo también desde las primeras impresiones que un puñado de días otorgan mínimamente), los “paisanos” reaccionan al segundo o tercer movimiento. Nunca al primero; piensan bien, de antemano, el paso siguiente, los varios escenarios. Pero con una antelación escalofriante, casi mecánica. Y casi siempre dicotómica: Es sí o es no, es blanco o es negro, es morir o matar.

Me lo advirtieron todos los “extranjeros” que estamos aquí por diferentes razones y objetivos. Si de por sí es difícil hacer amigos en el medio propio, migrar, aunque sea en el mismo país, representa al obstáculo adicional de la convivencia, porque se toma exactamente como lo hicieron en la Alemania Nazi, en la Rusia Soviética, en la España de Franco. Bueno, ni en el México del PRI resultó tan atroz: Los alóctonos no son bienvenidos porque nos desplazan.

En Tabasco, contrario a la percepción que pudieran tener la mayoría en los 31 estados restantes, varios de mis mejores amigos no nacieron en su territorio ni tampoco les importa adoptar o exportar su bagaje cultural. Es más, si lo recuento ahora, no existe en mi nómina más que una veracruzana: Deysi, una maestra originaria de Acayucan que me cuidó durante una infancia que no duró lo suficiente para su partida de mi casa. El otro veracruzano no merece la mención, porque ese sí acarreó lo más criticable de su estado natal.

Conozco, no en ningún otro orden más que al corriere calami, a dos tamaulipecos, a varios chilangos (mi novia entre ellos), a un sonorense, a dos yucatecos, a una regiomontana -la más amable de todo el historial, dicho sea de paso-, a un mexiquense, a una chiapaneca, a dos oaxaqueñas y a varios exiliados preventivos de Honduras, El Salvador y los Estados Unidos. Todos, convencidos que el calor es el precio más elevado que hay qué pagar por el bienestar, la libertad y la calidez humana de su gente, directa, franca, de fuerte raigambre liberal.

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Responses

  1. Gachi says:

    October 18th, 2009at 7:53 pm(#)

    Emigrar es algo que todos hemos querido hacer, pero que en el momento lo pensamos mas de una vez por todas aquellas cosas a las que nos atamos mas emocionalmente que por cualquier otra cuestion.
    De todas formas sabes que los que estuvimos, aún estamos y siempre estaremos.
    Que tu camino, a donde sea que te lleve, sea siempre hacia adelante y hacia arriba.

    Saludos.

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