¡Por favor!…¡Gracias!
October 1st, 2009 | Publicada en El Rincón de las Buenas Costumbres
¿Cuántas veces al día decimos estas palabras? Seguramente muchas, pero tal vez no todas las veces que son necesarias. Y es que en muchas ocasiones simplemente pedimos las cosas y hasta las ordenamos, sin siquiera pedirlas por favor y sin dar las gracias al recibir la respuesta o cuando hemos alcanzado nuestro objetivo. Ciertamente, ser agradecido es un signo de buena educación, y no serlo, absolutamente muestra a gente de bajas inclinaciones. Señorita: ¿Me puede servir más café por favor? Gracias. Disculpe señor ¿Me podría indicar por dónde encuentro la calle Gregorio Méndez? Le agradezco mucho. Juanita ¿Me puedes pasar la sal por favor? Gracias. ¿Cuánto le pongo jefe? Tanque lleno por favor. Gracias. Hija, por favor préstame tu bolsa morada. Gracias. Mi amor, por favor llévame el carro al taller. Gracias. Fulanita, por fa, pásame esto o lo otro. Gracias. ¿Señorita: Un favor, me podría comunicar con el licenciado? Lo espero, gracias. ¡Es tan fácil! Pero muchas veces olvidamos esta simple regla. La gente, aunque esté a nuestro servicio, y más aun cualquier otra persona que se cruce en nuestra vida, se merece la consideración de que le pidamos las cosas por favor y que le demos las gracias, siempre, siempre, siempre. En el súper, en la casa, en el almacén, en la gasolinera, en el restaurant, en la calle, en la oficina. Es solamente cuestión de tomar conciencia y de hacerlo un hábito. Además será siempre en nuestro beneficio porque con una simple palabra, siempre obtendremos mejores resultados. Y además se oye tan, pero tan feo, y se nota la patanería, cuando la gente pide, exige, y hasta grita sin consideración alguna o con aire prepotente, o simplemente cuando olvida pedir las cosas por favor y dar las gracias. Justo es decir que algunas gentes tienen tan arraigado el hábito, que hasta cuando les han inferido mal trato injustificado, dicen: ¡gracias!
Por otra parte, justo es decir con respecto a la palabra “gracias”, que la mayoría de nosotros la tomamos a la ligera; porque aunque algunos la mencionamos ya como costumbre, no alcanzamos realmente a analizar su significado. Llegue a esta conclusión cuando escuche la palabra equivalente en portugués: “obrigado”, que me suena precisamente a “obligado”, es decir, quedo en deuda contigo por eso que hiciste por mí. Y hasta en inglés, hay una expresión muy usada para agradecer: “te debo una” (Esto lo he visto en las películas). Qué diferente sería el mundo si todos realmente nos sintiéramos obligados con todos los que hacen algo por nosotros, porque al sentirnos obligados, nuestra reacción inmediata debiera ser la reciprocidad: yo haré lo mismo por ti, o lo que esté de mi parte, o en un caso similar, para ayudarte, o sencillamente quedo obligado a hacer lo mismo por otra persona que me pida el mismo favor. Eso sería en tal caso, ser agradecido, porque de nada valdría por ejemplo, pedirle a alguien que nos diera un informe sobre una calle, y que le digamos gracias cuando nos lo dé, pero cuando esa misma persona necesite saber cómo dirigirse a determinado lugar, nosotros nos negamos a darle el informe con cualquier pretexto o simplemente le ignoramos. Entonces nuestra palabra “gracias” no tuvo ningún sentido, porque no nos hizo sentirnos obligados con la persona a corresponderle. Será por eso que hay tanta aspereza en el mundo. Se ha escrito mucho sobre la ingratitud, y todos la hemos sufrido en carne propia y tal vez algunos sin darnos cuenta hemos incurrido en la deleznable conducta de ser desagradecidos, sencillamente porque la percepción de las cosas en cada persona es distinta. Una amiga me contó la siguiente historia verídica. Un muchacho estudiante llegó a pedir trabajo a su oficina como mensajero. Aunque ella no necesitaba un mensajero pues actualmente todo se envía por correo electrónico o se arregla por teléfono, lo aceptó, porque la plaza existía en el organigrama de su empresa, y al ver que el chavo tenía cierta preparación académica le propuso entrenarlo para que aprendiera la operación de la oficina, y aunque no había una plaza de oficinista, le ofreció darle ese tipo de trabajo en lugar de mandarlo a comprar las tortas y refrescos; pero desde luego, y dado que no dependía de ella, con el sueldo de mensajero, con lo cual el chavo estuvo más que de acuerdo, pues de ser el “gato de la oficina” a tener un escritorio, un teléfono y una computadora, al menos lo hacía sentirse importante. Al paso del tiempo, la posición de estos personajes fue la siguiente. Mi amiga decía, fulanito se porta mal y eso que debe estarme agradecido porque aunque la plaza era de mensajero le di la oportunidad de que aprendiera el manejo de la oficina. El chavo, por su parte, afirmaba: Mi jefa me exige lo que no me pagan, antes debería estarme agradecida de que le he ayudado en la oficina y “le resuelvo muchos problemas” aunque estoy con una contrato de mensajero. En su opinión, mis queridos amigos, ¿Quién de estos personajes tiene la razón? He ahí una prueba de que, al no saber interpretar los pensamientos y acciones de quienes nos rodean, nos hacen llegar a la triste conclusión de que nosotros no le debemos nada a nuestro interlocutor, y que por el contrario, es él quien nos debe agradecer; y además somos tan soberbios que creemos que todo mundo nos debe algo. Para estos casos, hay algo que nunca falla: nuestra intuición. Si por algún signo a través de miradas o acciones notamos que alguna persona con la que interactuamos se siente molesta con nosotros, analicemos las cosas desde su punto de vista y tal vez podamos percibir que está requiriendo signos de agradecimiento de nuestra parte; desde luego, si queremos mostrarnos como gente de bien, haremos o diremos lo necesario para enmendar nuestra conducta; desde luego, sin llegar a ser arrastrados, ni mucho menos ponernos de tapete, que es el otro extremo en el que podemos caer. En fin, nosotros que estamos en vías de educación, pidamos siempre las cosas por favor y demos las gracias, y cuando alguien nos pida determinado favor tratemos de hacerlo de buena manera, tomando en cuenta que, aunque nos sea gravoso, de cualquier forma tendremos que hacerlo, además de no olvidar nunca los favores recibidos, porque decir gracias no es tan simple como decir la palabra; significa que quedo obligado con esa persona.


Chili
La perla de Janis