Bienvenidos al chili thriller

October 13th, 2009  |  Publicada en Especiales

Bienvenidos al chili thriller

Un dulce olor a muerte (1998, suspenso)

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MUCHO ANTES QUE LA TRILOGÍA con Alejandro González Iñárritu, Guillermo Arriaga escribió la novela en que se basó Edna Necoechea para elaborar el guión de este filme. Curiosamente, también es la primera novela publicada por Arriaga (antes de El búfalo de la noche, igualmente llevada a la pantalla) y la que menos crítica y ventas tuvo de toda su obra.

Gabriel Retes dirigió dos películas emblemáticas de los 90′s: El bulto y Bienvenido Welcome, ambos mostrando abiertamente sus convicciones políticas y estéticas. Luego, ante la relativamente fría acogida de estos filmes, una larga pausa para volver con un género donde resultó natural su mejor logro: El suspenso dentro de un contexto rural, que en México continúa siendo tierra sin ley.

La trama es sencilla, pero interesante: La investigación, paralela a la búsqueda de venganza, sobre la muerte de Adela, una muchacha que, hasta el hallazgo de su cadáver, no tiene mayor importancia salvo en la cabeza de Ramón y del Gitano; un recurso que empleará Clint Eastwood 10 años más tarde con Río Místico.

Claro que con los elementos transgresores de la filmografía de Retes: No hay comisarios nobles ni eficientes; el pueblo, lejos de permanecer ajeno a las pesquisas, busca de cualquier forma no sólo involucrarse, sino además satisfacer su apetito de sangre a través de Ramón, manipulándolo; y justamente la disparidad de ambos caracteres, diferentes entre sí e inusuales en el panorama campirano del cine nacional. El Gitano es fanfarrón, pero endeble, y Ramón es tímido, pero decidido a sentenciar al culpable, que en realidad sólo es el objeto de sus celos; es decir, Ramón imagina sin comprobar que el Gitano mató a Adela, quien, por lo demás, cumple un rol simbólico, pues nadie nunca en el pueblo se atrevió a seducirla.

La producción corrió a cargo de México, España y Argentina, bajo un esquema que contemplaba una buena porción de inversión privada (la más grande antes de El coronel no tiene quién le escriba y Amores perros), con la premisa garantizada por la presencia de Diego Luna, por la fuerza del guión y por el director. Lo cual fue premiado, si no con muchas críticas ni reconocimiento, con una taquilla aceptable durante los 9 meses que se mantuvo en cartelera.

Retes renovó el cliché entre el público sobre las películas de este tipo, y reveló que el campo mexicano de finales del siglo XX no era ni folclórico ni pintoresco ni natural. Aunque ya mejor revalorada, la temática de la peligrosa -por reprimida- provincia (Luz silenciosa, Bajo la sal) retornó al primer plano gracias a esta cinta, además que contribuyó en un sano respiro al subgénero policíaco/detectivesco, luego de los infumables churros de los Almada Bros.


Juegos de adultos

La tarea (1990, Erótica)

La Tarea Poster V2

SUS EXPLÍCITOS MOMENTOS ERÓTICOS, únicos en la cinematografía nacional hasta ese año, sacudieron también al conservador medio postsoviético, que, pese a nominarla, no se atrevió a premiarla con el San Jorge de Oro -su máximo galardón-, pero le dio una Mención Especial, única cinta mexicana en lograrlo.

El erotismo en el cine mexicano se pervirtió pronto debido sobre todo a su tratamiento pendular entre las sutiles evocaciones de la Época de Oro (La diosa arrodillada, Ensayo de un crimen) y los excesos pueriles del cine de ficheras, similares y conexas. Así que nunca obtuvo una respetabilidad cinematográfica, ni dentro ni fuera del país. Esta película, sin duda alguna la mejor representante del género en los 90′s, cambió toda esa percepción.

Como casi todas las producciones dirigidas por Jaime Humberto Hermosillo, su montaje -más allá de las contribuciones gubernamentales que le permitieron su reparto y su distribución- es austero y teatral; y su temática, polémica y contrastante. Casi teatral, pero siempre propositivo. Debido a que la producción la administraron prácticamente manos privadas, su breve pero convincente elenco sobre llevó una historia cuyo tono intimista parecería insoportable, pero que en pantalla nos hace desear más.

Rodada casi íntegramente por una sola cámara y la edición impecable del propio realizador, la trama se desarrolla en el departamento de una estudiante de cine que recibirá a un candente ex novio tras 4 años de no verse -ni tocarse-, previa colocación de cámara escondida, bajo el pretexto de, precisamente, la tarea que debe entregar para su clase de apreciación cinematográfica. La premisa es inquietante y lo mejor es que en su casi hora y media de duración la anécdota no se agota, principalmente por el tono documental y de vouyerista.

Diálogos y escenas candentes para el época (pasó la censura apenas como un modo de aparentar que no había censura), la audacia del montaje reside, sobre todo, en exponer abiertamente el catálogo de recursos sexuales del mexicano, tomando en cuenta más que posiciones de cama -y otros muebles-, posiciones ideológicas, políticas, sociales y hasta culturales sobre el sexo. Puso a pensar mejor que otros filmes sobre el desempeño físico y psicológico de hombres y mujeres de este país: Roles, actitudes, palabras, sensaciones. Un público adulto por fin pudo satisfacer sus necesidades fílmicas -respondiendo con taquilla- y nuestro cine se enriqueció con esta excelente variante temática.


Escenario Universal

El callejón de los milagros (1995, Drama)

El callejon de los milagros

ES CASI UNÁNIMEMENTE considerada por los especialistas e historiadores el mejor filme de entre 1990 y 2000, debido a su factura precisa, artística pero agradable, y a su éxito nacional e internacional, tanto en crítica como en taquilla. Curiosamente, la que en contraste yo considero la mejor -Rojo Amanecer- también es dirigida por Jorge Fons.

Sí, lo sé: Quizá aquí debería ir El coronel no tiene quien le escriba, de Arturo Ripstein (1998), pero expongo 5 razones: Primero, la antigúedad; la cinta del que trata este texto fue un primer intento serio por relanzar internacionalmente las realizaciones mexicanas: Por tanto, luego de ese logro, se pudo consolidar el Proyecto Gabo.

Segundo, su reparto multiestelar y su trama la convirtieron en la película más popular de la década -sólo después de Como agua para chocolate-: Se mantuvo 10 meses en cartelera, con buena audiencia a pesar de su duración.

Tercero, la carrera de Ripstein, pese a sus obras maestras como El castillo de la pureza y El lugar sin límites, en los 70′s, se estancó peligrosamente, incluso con proezas como Profundo carmesí, ya en este decenio; en realidad, El coronel… vino a ser su redescubrimiento ante al gran público, y gracias a El callejón…. En cambio, Jorge Fons demostró un oficio más “actual” en ésta su mejor realización, consagrándose como el Cineasta de los Noventa.

Cuarto, la trascendencia internacional que al final consiguió la cinta de 1995 fue mucho mayor que la de 1998, pese a los antecedentes casi comunes de ambas: Adaptaciones de novelas conocidísimas de autores galardonados, reparto de peso pesado y un notable despliegue de recursos técnicos que se disfrutan en pantalla.

Y como no hay quinto malo, esta selección no es complaciente ni monopólica: Cualquiera puede proponer en los comentarios su lista personal y las razones para articularla, tal como yo ejercí ese derecho bajo criterios propios.

Puesto que ya queda poco qué decir, baste con que Vicente Leñero se estrena como guionista a partir de la novela del escritor egipcio Naguib Mafhouz, Premio Nobel de Literatura 1988 (el único hasta ahora en lengua árabe), con la pretensión justamente de ser vista fuera de México. Ambas obras escritas son excepcionales y Leñero contribuirá después con más libretos relevantes, propios o adaptados. Que arrasó en la entrega de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas con 11 Arieles en cinco categorías principales (Película, Director, Guión, Actriz Principal y Actor de Reparto), además de ganar el Goya, el Óscar de España, a Mejor Película Extranjera, la única otra en obtenerlo desde 1987, tras Lo que importa es vivir. Que hizo otro tanto en tres festivales internacionales más, destacando el de La Habana. Y que, estilísticamente, es una de las mejor logradas, ampliamente recomendable luego de 15 años de su debut, pese a que Salma Hayek regateó mostrar su cuerpo en un “desnudo artístico”.


La premiére necesaria

La Ley de Herodes (Sátira política, 1999)

ley de herodes cartel1

AYUDÓ A LA ALTERNANCIA POLÍTICA en las elecciones presidenciales de 2000, utilizado por Fox para sacar al PRI de Los Pinos, a pesar que, en el coletazo de la represión, la clasificaron C -sólo mayores de edad- para que los jóvenes que votaríamos por primera vez no nos "mal influyéramos".

Es conocidísima por razones extracinematográficas que, con todo, no pudieron empañar su excelente factura. El último intento abierto de censura de la década, del siglo y del milenio sobre una película mexicana la hubiera convertido en taquillera inmerecidamente; en cambio, incluso sin el veto gubernamental, esta cinta se convirtió en la más taquillera de toda la historia hasta esa fecha, abriendo la brecha para sucesivos éxitos de boletaje (El laberinto del Fauno, el más reciente).

La manera de idear la producción, la idea misma, articulado en el guión de Luis Estrada, Jaime Sampietro, una vez más Vicente Leñero y Fernando León Rodríguez, sobre una historia de los dos primeros, así como la dirección de Estrada, contó con el apoyo total de la iniciativa privada, pese al apoyo inicial del IMCINE, que, al final, intentó prohibir su exhibición. Tuvo que salir al paso el propio presidente Ernesto Zedillo y, cuando por fin salió a cartelera, las filas para verla -me consta- fueron larguísimas muchos meses.

Por lo demás, nadie salió defraudado: El tono de farsa sobre un político del PRI en 1949 (o sea, en la época del carro completo) y su evolución administrativa al frente de un municipio pobre de Jalisco significó la mejor manera de exponer la terrible realidad en que ese partido sumió a México, sobre todo en el año que el Tricolor cumplía 70 años de hegemonía.

Como la historia se desarrolla 5 decenios atrás en un pueblo perdido, las alusiones a la realidad reciente y sus protagonistas (Díaz Ordaz en 1968, Echeverría en 1971, Miguel de la Madrid en 1985, y Carlos Salinas en 1994) se evitan para, sencillamente, relatar los burdos mecanismos del poder que empleaba el PRI por igual para recaudar impuestos que para eliminar a sus enemigos políticos. Es decir, dichas alusiones resultan irrelevantes porque queda claro que el PRI, de cualquier época y lugar, se comportaba de mismo modo.

Más allá del extraordinario elenco, dirección y producción, la trama es sumamente ágil, emplea personajes esquemáticos como quien usa dibujos simples de los cómplices o los adversarios del Partido Único, y lleva al espectador de la mano a una triste reflexión: Las escenas del principio que se repiten al final eran la patética secuencia de nuestra propia película nacional, una cadena sinfín de sucesiones estériles y violentas; o, como el prólogo alternativo -un jocoso alegato por la democracia-, el ascenso casi inevitable del déspota, el demagogo y el descerebrado. La mejor inauguración de un género que urgía en el panorama fílmico mexicano.

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