Sexo Amolado

October 1st, 2009  |  Publicada en Juglar de Jungla  |  3 Comentarios

Por Alejandro Pérez-García

“Si acierto, nadie lo recuerda; si fallo, nadie lo olvida”.

Abro mis ojos lentamente y un eructo amargo sale de mi pecho para perderse en la mañana. Al lado de mí, la exquisita redondez del trasero de mi pareja me recuerda que no me acuerdo lo que pasó anoche, excepto por una cosa: No gocé de una erección como Dios manda. No pasó nada.

Quizá el cigarro, quizá el alcohol, mi pene quedó tan flácido como el PAN después del 5 de julio, y aunque mi versatilidad amatoria compensó esta carencia, definitivamente nada sustituye a la magia de la penetración y menos a la maravilla de la eyaculación. Ya es difícil –relativamente hablando- provocar un orgasmo femenino, ahora tendré que consultar a m médico, pese a ese tabú que me ha costado superar.

Debo ahora, por mi satisfacción y la de mi compañera, ponerme a dieta, suspender el cigarro para escribir, el trago para sociabilizar y las desveladas para componer y dibujar; dejar reposar en las gavetas mis múltiples revistas para caballeros y mis videos porno (bueno, más bien dejar reposar en mis calzoncillos mis afanes masturbatorios); practicar mis largamente pospuestos ejercicios de yoga y tantra; retomar el futbol, la natación y el ciclismo, ello antes de contemplar la idea de visitar al doctor y las farmacias, y no por vulgares pudores machistas, sino porque no me queda mucho presupuesto, y del que dispongo, emplearé gran parte en el romance previo, tan indispensable para perdonar fallas: Cine, cena, flores, mirador, charla, etc.

El relente de la pared refresca mi espalda sudorosa de vergüenza. Ella bosteza y su desnudez respira modificando a cada instante la sombra que le roba al resplandor de la ventana. Una sonrisa que no ve, me relajo para no despertarla, ya fue suficiente no hacerle el amor. Tendré que descansar más y preocuparme menos. La salud, pero especialmente esta salud, la sexual se hace, como la libertad, tan preciosa a medida que la perdemos, que la extrañamos. Tendré que ponerle más atención, recuperar sus palabras, escribirle más poesías. Que irónico, ni siquiera puedo serle infiel, si es que acaso cansarme de ella fuera la raíz del problema. Quién sabe, también tendré que fijarme en otras chicas a ver si el pálpito del deseo rellena mis cavidades y me impulsa a ligármelas. No sé, ya no quiero pensar en nada, a ver si se me para.

“Abrázame”, susurran del otro lado de su cuerpo blanco y tibio, “tengo frío”. La rodeo con mis brazos, qué más da. Es ella, la echo de menos cuando me voy a trabajar, estimula mi cerebro cuando requiero inventar pretextos si me retardo en llegar a cenar, es la que por lo pronto esperará a que yo cumpla esos propósitos eréctiles con tal de explorar mi entrepierna mientras la esté fajando en algún baño, sin decepcionarse. Quizá debiera escuchar más y tocar menos. Quizá yo mejore por las del futuro.

Quizá ella debiera también lucir más lencería de encaje, o más tangas o más baby dolls o más ligueros; quizá debiera despojarse de los prejuicios sobre hacer el amor durante la menstruación o el embarazo o la telenovela o el partido o una película erótica; o hacerlo oral y/o anal, dando y recibiendo palabrotas y nalgadas; o experimentar el tan sobado menage a trois con su “socia” y la búsqueda de mi punto G metiendo su dedo detrás de mis testículos. Quizá debiera liberarse más, qué se yo, aprendiendo a enroscarse alrededor de un tubo al ritmo de jazz latino, mientras yo me vuelvo más conservador teniendo ojos sólo para ella.

Se voltea, generosa y somnolienta, para colgarse de mis cuitas interiores, erizándome la piel con sus pezones expuestos y su terciopelo púbico. Farfulla algo que sin duda pertenece a su sueño húmedo, besa, creo, mi pecho y me aprieta, me apremia ahora la idea del mañanero inesperado. Calma, mucha calma. Despacio, muy despacio. Si me muevo demasiado no podré sorprenderla con el desayuno preparado en nuestra cama. Por lo pronto, durmamos, “sin lágrimas, sin ojos, sin espanto, mientras las cosas se ponen a escuchar lo que no hablamos”.

Hasta el próximo cantar sexual.

juglar@enteratetabasco.com

Escritor y periodista mexicano (Villahermosa, 1982). Ha publicado artículos sobre temas variados y relatos de ficción en diversos diarios y revistas locales y nacionales. En su blog http://acrofobus.spaces.live.com se pude hallar el despliegue de su obra literaria y periodística.

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Responses

  1. Vik Kontreras says:

    November 27th, 2009at 10:05 am(#)

    Caray amigo “kiza yo mejore por las del futuro…” me suena algo genial, y leer lo ke muchos hombre a veces pensamos vaga o tontamente y tu lo escribes, a veces con insesante poesia y de golpe lo colokial y burdo de tu leguaje ke siempre te caracterizó… algo asi como el estilo “Rabelo”… bien bien bien amigo!

  2. krankoft says:

    December 23rd, 2009at 2:35 am(#)

    Sha sha sha! :s

  3. Natalia says:

    July 2nd, 2010at 1:41 pm(#)

    ME GUSTA, Y QUIZA EL LENGUAJE TAN COLOQUIAL NO ESTE DE MAS..
    JA.
    SALUDOS

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